Lectura bíblica: San Lucas 14: 25-35
Lectura de apoyo: S. Juan 6: 60-71.
Dios ha amado al hombre y su manifestación y sacrificio ha sido para levantar al hombre
INTRODUCCIÓN:
Durante toda la historia del cristianismo, ha habido quienes se han apropiado del nombre de Jesús, para llamarse cristianos, aunque sus vidas no reflejen la realidad de lo que Dios ofrece a cada uno de los discípulos del Señor Jesús.
En esta escritura que hemos leído, encontramos desde el versículo 1 hasta el final, una forma clara de cómo debe ser el discípulo de Jesús y al final nos llama a tomar una decisión si seremos discípulos o no.
DESARROLLO:
En las diferentes narraciones que se dan en este capítulo 14, hay un distintivo que mostrará el discípulo falso, mientras que a su vez se muestra al verdadero discípulo.
En primer lugar, al inicio del capítulo 14 del verso 1 al 6, se muestra el desenfoque de aquellos que practicando la religión se había ido cada vez más lejos, al abandonar a la persona necesitada y dedicarse al ritual.
Eso no puede ser, Dios ha amado al hombre y su manifestación y sacrificio ha sido para levantar al hombre.
En segundo lugar, del versículo 7 al 11 y del 12 al 14 se nos da una lección de humildad; el discípulo de Cristo no puede ser orgulloso ni hacer acepción de personas en sus relaciones sociales.
En tercer lugar, del versículo 15 al 24 se nos enseña sobre una de las actitudes propias de los que no son verdaderos discípulos, y es que siempre se excusa, mostrando con esto que su corazón tiene otros valores más importantes del que dice tener.
En cuarto lugar, encontramos del versículo 25 al 27, la falta de pasión porque desvaloriza a Cristo, a Dios y su obra. Este tampoco es un verdadero discípulo.
CONCLUSIÓN:
En la parte final del capítulo 14 desde el verso 28 al 33, se hace un llamado a considerar bien el llamado del Señor y alistarnos en ese ejercito de gracia, o dejarlo.
En los versículos 34 y 35, se muestra que la esencia de la vida cristiana no puede abandonarse; es decir Perder nuestro sabor, puesto que, al perder el sabor o la calidad como discípulos de Jesucristo, ya de nada sirve que nos hagamos llamar cristianos o discípulos del Señor.
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