Lectura bíblica: San Lucas 10:25-37
Lectura de Apoyo: Santiago 2:14-26; 1 Juan 3:10-19.
“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos, el que no ama a su hermano permanece en muerte” (1 Juan 3:14)
INTRODUCCIÓN
Lo que dio origen al tema de hoy, es la pregunta que un intérprete de la ley hizo al Señor Jesús, con el deseo de probar al señor Jesucristo: ¿Haciendo que cosa heredaré la vida eterna?
Y de la manera que el Señor Jesús responde nos muestra cual es la manera de heredar la vida eterna. ¿Qué está escrito en la Ley? Lo que está escrito es la manera correcta de asegurarnos en las promesas de Dios.
- Amar a Dios
- Amar al prójimo.
DESARROLLO
En primer lugar, no podemos dudar de la sabiduría de Dios, pretender probarle ya era un error.
La respuesta en alguna manera la tenía el intérprete de la ley, pero el problema está en que no entendemos que amar a Dios está ligado con el amor al prójimo y quien dice amar a Dios debería amar al prójimo y quien no ama al prójimo no ama a Dios. (1 juan 4:12)
El Señor hace ver en la parábola del buen samaritano, que decir amar Dios, dejando de lado al amor al prójimo, no es evidencia de que el amor a Dios existe en nuestra vida.
En la narración se habla de un sacerdote y un ayudante de sacerdote (levita) que, teniendo el cargo y nombramiento de ser servidores de Dios, habían olvidado que el que dice amar a Dios debe amar a su hermano.
Sin embargo, ellos en la narración ven al hombre herido y no extienden su mano para ayudarle; pasan, lo dejan herido, medio muerto.
Y una persona que se le llama el samaritano en la narración, sin decir que ama a Dios o que tiene un cargo religioso, hace lo que debía hacer un religioso, si decimos que amamos a Dios amemos a nuestro prójimo.
Es aquí donde los que practicamos la religión recibimos una lección, que no basta decir que amamos a Dios, sino que debe haber evidencias de Amor, Dios es amor.
CONCLUSIÓN
Dios desechará a todo aquel que viva en una vida de apariencia religiosa, aborreciendo a su familia, a sus vecinos, a sus hermanos; pero dirá benditos de mi Padre heredad el reino, a aquellos que amaron a Dios, no de palabra ni por religión sino porque el amor de Dios que fue derramado en sus corazones por haber creído en Jesús y entendieron que el que dice amar a Dios, ama a su hermano.