EL TRIUNFO DE JESUCRISTO

02
Ene

Lectura bíblica: San Lucas 33:44-49

Lectura de apoyo: Hebreos 10:14

“Y el velo del templo se rasgó por la mitad”. Lucas 23:45

INTRODUCCIÓN:

Desde los días de los primeros padres en el huerto del Edén, recordamos cuando Dios los sacó del huerto y los echo fuera, y una espada encendida que se revolvía por todos lados para guardar el camino al árbol de la vida. (Genesis 3:23-24)

De allí en adelante no pudo el hombre recuperar la relación íntima con Dios, ni gozar de sus beneficios; siendo esa la razón de la intranquilidad humana durante toda su historia.

Esta porción de la biblia habla de cómo se recupera esa relación con Dios y ese paraíso.

DESARROLLO:

Dios, a pesar de que el hombre pecó desobedeciéndole, había concebido un plan por el cual paso a paso iría desarrollándolo hasta llegar el momento perfecto donde, perdonaría al hombre y lo reestablecería de nuevo en una relación íntima y perfecta con su creador.

La biblia dice: “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyo heredero de todo, y por quien así mismo hizo el universo”.

Quien es el resplandor de su Gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas por la palabra de su poder, vino y efectuó la purificación de nuestros pecados al entregar su vida en la Cruz.

Sin embargo, antes que Jesucristo llegara, mediante los procesos de redención, no había un ingreso completo del hombre hacia el corazón de Dios, y tampoco pudo ser reestablecido en una posición de gloria. La biblia habla de un tabernáculo y un templo que se levantaron mientras llegaba la revelación del Hijo de Dios; en el cual había un Lugar Santo y un Lugar Santísimo, en el cual no podía entrar nadie excepto el sacerdote sumo que llevaba sangre para la redención de los pecados de Israel, dando a entender el Espíritu Santo, que el camino a una plena comunión con Dios y una plena restauración no estaba abierta, puesto que nadie podía entrar en el Lugar Santísimo.

Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, y no por sangre de animales, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. (Hebreos: 9)

Jesús fue Crucificado llevado al matadero como cordero y al ofrecer su vida nos abrió la puerta a una redención perfecta, y nos lleva de nuevo a una relación íntima con el corazón de Dios, y a una posición de hijos de Dios.

Cuando dice el verso 45 del capítulo 23: “El velo del templo se rasgó por la mitad”, señala “El Triunfo de Cristo”, que con muerte nos redime, no tomando en cuenta nuestros pecados, perdonándonos por completo y haciéndonos perfectos para Siempre. (hebreos 9:12 y 10:14)

CONCLUSIÓN:

La biblia nos invita a entrar por la puerta que Dios ha abierto en Cristo Jesús, es el momento de apropiarnos del Triunfo de Cristo, y vivir una vida de comunión con Dios y no tener que vivir una vida miserable y menos tener que enfrentar una eterna condenación.


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