ES DETERMINANTE SABER QUIENES SOMOS

29
Sep

Lectura bíblica: San Lucas 18:9-1

Lectura de apoyo: San Lucas 13:1-5. Romanos 3:9-18.

Debemos, con humildad, reconocer nuestro estado pecaminoso y entonces seremos exaltados.

INTRODUCCIÓN

En el versículo 9 de la lectura que hemos tenido, se nos muestra la razón por la cual El Señor Jesús, nos dejó esta enseñanza. Había unos hombres que se confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros.

Por supuesto, este es un mal muy común en la vida, el sentirse superior a los demás, y esto se debe al orgullo que habita en el hombre y también al juzgarse de acuerdo con los bienes materiales o al conocimiento que se haya alcanzado en alguna área de la vida.

De eso trata esta escritura de juzgarnos sensatamente, a la luz de la Palabra de Dios y no a nuestros propios ojos.

DESARROLLO

Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, por lo cual mostró el ser humano, cualidades extraordinarias, sin embargo, no pudo retener aquel estado de excelencia, porque cometió pecado al desear ser más de lo que era. Fue tentado por Satanás y aceptó la propuesta de ser alguien superior y a causa de su rebelión fue traspuesto a un estado inferior en el que él había sido creado.

En la lectura de apoyo de Romanos capítulo 3 encontramos la imagen verdadera de lo que es la vida del hombre, sin excepción, es.

No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles, no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan, veneno de áspides hay debajo de sus labios, su boca está llena de maldición y amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos.

Esa es la verdadera condición del hombre a donde su desobediencia lo llevó.

Al tratar con los hombres y sobre todo con Dios no puede haber un concepto más alto en nuestra vida.

Al hacerlo ante los hombres nos aborrecerán y al mantener un concepto de nosotros mismos más elevado, nunca seremos agradables a Dios y menos recibiremos del Señor sus bendiciones.

Cualquiera que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

La enseñanza es clara, uno que se creía más que el otro, fue dejado sin esperanza y el que enfrenta su realidad, su indignación, su pecado, recibe justificación de parte de Dios.

CONCLUSIÓN

Si queremos alcanzar justicia divina debemos, con humildad, reconocer nuestro estado pecaminoso y entonces seremos exaltados.

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