Lectura bíblica: San Lucas 11:1-13
Lectura de apoyo: 2 Corintios 12:2-4; Daniel 2:16-22; Hechos 10:9-11
“Pedid y se os dará, buscad, y hallareis, llamad y se os abrirá”.
INTRODUCCIÓN
La oración ha sido muy conocida entre los seres humanos, y en todas las razas y culturas, ha sido empleada, como una devoción seria, para alcanzar favores y beneficios. Lamentablemente, se ha dirigido a falsos dioses, esperando alguna respuesta y sin lograr absolutamente nada.
Debemos acercarnos, al Dios único, creador de cielo y tierra, para obtener su auxilio y más que eso, para considerar beneficios más profundos que enriquecerían y motivarían a la oración (1 Reyes 18:25-29).
DESARROLLO
En esta porción de las escrituras, vemos a los discípulos acercándose a Cristo para pedirle que les enseñara a orar, ellos habían visto que los discípulos de Juan habían sido enseñados y por alguna razón que les había impresionado ahora deseaban aprender a orar.
Sin duda, es una lección que nosotros debemos aprender, tanto por la necesidad que tenemos a diario, como por los aspectos que nos llevan al conocimiento mismo del carácter de Dios y lo emocionante que resultara para el que se ejercita en la oración. (1 Tesalonicenses 5:17)
En cuanto al conocimiento de Dios, según el versículo 2 la primera enseñanza es que: Dios es Soberano. Quien reina y domina, sobre todo, aún sobre los detalles de esta vida. Nos da el alimento, nos permite gozar de su comunión y nos enseña a actuar de la misma manera, que nosotros hemos sido tratados por El. Nos protege de todo mal. Nos invita a no cesar de clamar porque Él es Dios de misericordia.
El verso 9 nos enseña sobre la gran aventura en la oración, donde no hay límite sino se dice: “Pedid y se os dará, buscad, y hallareis, llamad y se os abrirá”. Y asegura, que así será. Porque Él es muy misericordioso como nuestro padre celestial.
CONCLUSIÓN
En la oración conoceremos el carácter misericordioso de nuestro Padre Celestial, y las riquezas de su gracia. Cuan gloriosa aventura será internarnos en la oración, ya no como un rito o una carga, sino como una aventura maravillosa, que nos acerca a Dios, y a sus riquezas en gloria.
De ahora en adelante la oración será un deleite una expectación de lo que experimentaremos en ese viaje de riqueza Divina. Orad sin cesar.