Lectura bíblica: San Lucas 20:9-19
Lectura de apoyo: Romanos 1:18-32; Apocalipsis 7:9-12
Al tiempo señalado, vendrá para recibir los frutos que hayamos cosechado para su gloria.
INTRODUCCIÓN:
En esta porción de la Biblia, encontramos una enseñanza muy conocida en cierto modo, pero no en la práctica; puesto que casi todos hemos conocido sobre el hecho de honrar a Dios, pero a la hora de honrarle, hemos enfrentado una seria de pensamientos, que nos llevan a resistir nuestra adoración a Dios y dar la honra que debemos darle a Él.
Sin embargo, esta lectura nos enseñara acerca de lo necesario que es dar la honra a Dios, porque para los que no reconozcan que Dios es digno de toda honra, estarán excluidos de los beneficios de habitar bajo su gracia, ahora y para la eternidad.
DESARROLLO:
La Biblia dice: “De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en el habitan”. (Salmo 24:1) Esto pone de manifiesto que todo lo que vemos fue creado por Dios y para la Gloria de Él.
En la enseñanza de este día, encontramos la similitud, con el salmo 24, que El Señor emplea cuando dice: “Un hombre plantó una viña…”; y posteriormente sigue la narración diciéndonos que la arrendó a los labradores, y se ausentó por mucho tiempo. (Versículo 9)
La interpretación es evidente, quien planta la viña, es Dios el Creador quien es dueño de todo; los labradores, su pueblo Israel y los hombres en general, y luego se ausenta por mucho tiempo, para probar la fidelidad de los hombres y al tiempo señalado, vendrá para recibir los frutos que hayamos cosechado para su gloria y aunque el tiempo transcurra, el vendrá a pedir cuentas de nuestro proceder.
El punto central de esta enseñanza es el reconocimiento y la honra que los arrendatarios, debían dar a quien había plantado la viña; dándole el fruto a su tiempo.
Envió uno y hasta tres siervos a recoger el fruto de la viña y finalmente envía a su hijo amado, para que los hombres honraran a quien les había dado de que vivir y en que trabajar; Pero ellos se equivocan y pretenden adueñarse de la viña y olvidar a quien les había dado ese bien.
A unos golpearon y los enviaron avergonzados y al hijo lo matan, no honraron al dueño de la viña, ni a sus siervos, ni a su hijo. (hebreos 1:1,4)
Nada nos pertenece, ya vimos Dios es creador y dueño de todo, no podemos apoderarnos de la vida ni de los bienes, ni de nada. Todo es de Dios; a Él debemos honrar y al no reconocerlo, vemos que El Señor Jesús habla palabras muy serias: “¿Que hará a los labradores que no honraron al dueño de la viña?”
Los destruirá a esos labradores, y dará su viña a otros.
Ellos dijeron: “Dios nos libre”, pero El Señor dijo: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” Nadie puede deshonrar a Jesús el hijo amado, ni a Dios y quedar sin castigo.
CONCLUSIÓN:
No se tendrá por inocente a quien no honro a Dios. Y no será posible evitar esa ira de Dios, cuando ya el tiempo se haya terminado, es hoy que debemos empezar a honrar al Señor, reconociendo que Jesús es el salvador de los hombres y que a Él nos debemos, Él es el sustentador de todo y a Él debemos toda honra y toda gloria.
Vivir de otra manera pensando que nosotros somos el centro de todo, será el error más grande. Leer Romanos capítulo 1.