Lectura bíblica: San Lucas 8:40,56
Si nuestra situación es final, estamos en el lugar propicio para que se dé el milagro; si recurrimos al Señor Jesús, Él lo hará.
INTRODUCCION
Todos en algún momento hemos anhelado recibir algún milagro, y a través de este estudio, veremos bíblicamente las condiciones apropiadas como alcanzaremos el milagro.
Debemos tener claro que el tiempo de los milagros no ha terminado.
Dios sigue teniendo todo poder y el tiempo transcurrido no altera en nada su poder para realizarlos, o las circunstancias, que estemos viviendo.
DESARROLLO
En la porción bíblica, encontramos a dos personas que alcanzan un milagro y que nos sirve de ejemplo para que nosotros también podamos recibir un milagro.
Jairo es el primero, principal de la sinagoga, y una mujer de quien no se da el nombre. Las condiciones que rodean a los protagonistas, son las mismas.
Primero: Ambos están en una situación de tristeza y dolor, Jairo su hijita enferma y la mujer con una enfermedad prolongada.
En los dos casos se va agravando la situación, para Jairo hasta llegar según el versículo 49 donde se lee, “Tu hija ha muerto”. Un dolor horrible que sufre el padre de la niña.
En el caso de la mujer, con flujo de sangre, versículo 43 dice: “Había gastado cuanta tenia, y por ninguno había sido curada”.
De esto aprendemos que cuando va a suceder un milagro, parece que el receptor del mismo ha de llegar al final de sus esperanzas, prácticamente hundidos en su desesperación.
Ese parece ser el primer elemento, no tener ninguna alternativa, en otras palabras, tocar fondo.
Pero también está el segundo elemento que participa en la realización del milagro.
Es Cristo Jesús, ambos buscan a Cristo Jesús, sobre poniéndose a todo obstáculo, Jairo vence su religión y vence su temor para creer en las palabras del Señor Jesús y ve el milagro.
La mujer desesperada y en una condición de extrema pobreza, va al Señor Jesús, y toca el manto del Señor e inmediatamente, es salvada y sanada.
CONCLUSION
Los dos elementos se presentaron, en el primero, ambos ya no tienen esperanza de nada y en el segundo, los dos van a Jesús.
Si nuestra situación es final, estamos en el lugar propicio para que se dé el milagro y si recurrimos al Señor Jesús, Él lo hará.
Hoy puede ser el día de recibir su milagro.